El Alzheimer

La Enfermedad de Alzheimer no discrimina en base al sexo, raza, origen o posición socio-económica.
No se conoce la causa de esta enfermedad, por lo que es imposible prevenirla o curarla.

En estos momentos se puede hablar de un índice de afectados del 10% de la población de edad cercana a los 65 años y del 50% en personas de edades cercanas a los 85 años. Estos porcentajes posicionan la Enfermedad de Alzheimer en uno de los primeros puestos de la problemática sanitaria contemporánea.
Científicos del mundo entero de las especialidades de Genética, Neurología y Neuroquímica están estudiando los factores de presencia y entorno de la Enfermedad. El Alzheimer continúa afectando a sectores cada vez más amplios de la Sociedad, una Sociedad que aún no está preparada, en muchos aspectos para hacerle frente.

Evolución de la Enfermedad

La evolución clínica se caracteriza por la aparición lenta de síntomas que va a ir evolucionando a lo largo de los años.

La Enfermedad de Alzheimer puede durar entre 2 y 10 años, con casos aislados que llegan incluso a los 15 años.

Fase incial

Inicialmente se produce la pérdida de memoria de los hechos recientes y una cierta dificultad para realizar los hechos cotidianos más normales, como la higiene personal, comer etc.

Frecuentemente, la propia persona con EA sabe, en esta fase, disimular los síntomas, aunque se siente desorientado y muestra cambios en su personalidad. Pueden presentarse reacciones depresivas o violenta, que responden al entorno enrarecido que empieza a experimentar la persona.

Fase media

En una segunda fase, la persona afectada por la enfermedad presenta ya una pérdida notable de memoria, desorientación temporal y espacial y graves dificultades para realizar las tareas más sencillas.

Suele perderse por la calle o desorientarse por casa. No recuerda el día o la hora en que vive. Altera sus horarios normales y puede confundir el día con la noche. Su lenguaje pierde fluidez, tiene dificultades para vestirse sólo y necesita ayuda para realizar cualquier tarea doméstica.

Puede ya aparecer rigidez muscular y convulsiones. Va perdiendo su autonomía y se hace dependiente de un cuidador o familiar.

Fase avanzada

En la fase avanzada la enfermedad, la incapacidad, se hace muy profunda y no puede valerse por sí solo. Viven en un mundo aislado interiormente. Ha dejado de hablar y su comunicación verbal puede ser un sonido inteligible.

En esta fase terminal el único método de comunicación con la persona con EA son las demostraciones efusivas y el lenguaje corporal (gestos, abrazos, caricias etc.)

No reconoce ya a los amigos o familiares y acostumbra a presentar incontinencia urinaria y fecal. Progresivamente ha ido quedando recluido a una silla de ruedas y posteriormente a la cama.

Aumenta la rigidez muscular, al mismo tiempo que aparecen otras complicaciones. Como la ansiedad, angustia, agresividad o depresión profunda.

En esta fase terminal la incomunicación es total y la persona afectada por la enfermedad pasa a vivir en una situación vegetativa. Las complicaciones fisiológicas aumentan, especialmente las urinarias y respiratorias. Aparecen úlceras de decúbito y frecuentemente se ahoga mientras traga. Estas son las causas más frecuente de muerte de estas personas.